… Café con Sexo…

… Sorbo de café; suspiro grande, echo la cabeza atrás en signo de reflexión, haciendo acopio de toda la inspiración acumulada, queriendo salir a gritos y… uno, dos tres, cuatro… comienza el desfile de letras: Démosle la bienvenida con un buen sorbo de café al sexo que hoy nos acompaña… ¡Bienvenidos a todos los corazones inquietos, los invito a degustar “De Café con Sexo”!

Te quiero con el hipo qué?

Un día se despierta, con una amplia sonrisa medio idiota, los ojos súper brillosos, suspiramos, decimos su nombre, nos sentimos con un hueco en la barriga, cual resortes nos levantamos de la cama más activos de lo normal, con más energía para todo, casi capaces de comernos el mundo en un par de mordidas, tarareamos las canciones más cursis… el mundo se ve más colorido desde que ese alguien llegó a iluminar nuestros días con ese toque, de tiene un no sé qué, que qué se yo que me hace sentir especial…

En medio de tantas emociones aparentemente inexplicables, nuestro cerebro está totalmente drogado, la química del amor es una expresión atinada. En la cascada de reacciones emocionales hay electricidad (descargas neuronales) y hay química (hormonas y otras sustancias que participan). Ellas son las que hacen que una pasión amorosa descontrole nuestra vida y explican buena parte de los signos del enamoramiento.

Cuando encontramos a esa persona deseada, se hace presente una señal de alarma, nuestro organismo entra entonces en ebullición. A través del sistema nervioso el hipotálamo envía mensajes que harán aumentar inmediatamente la producción de adrenalina y noradrenalina (neurotransmisores que comunican entre sí a las células nerviosas).

Llevándonos a una serie de efectos secundarios que se hacen notar al instante, nuestro corazón late como burro sin mecate, irradiamos felicidad a diestra y siniestra, nos ausentamos por momentos con esa mirada perdida fantaseando, hasta que alguien más nos comenta que nos la vivimos en la luna, la ansiedad se vuelve cómplice, queremos pasar más tiempo con el ser en cuestión, entre tantas otras sensaciones que si alguna vez han estado enamorados saben a qué me refiero, más que de “amor” podría estarse tratando de una enfermedad. Los síntomas y maravillas del enfatuamiento se aparcan en nuestro sistema nervioso autónomo, esto quiere decir que actúa por sí sólo, es aquí donde se alojan: los celos, el ardor, el orgullo y también el ya sonado enamoramiento; todo es impulsos y químicos actuando, no hay lugar para el intelecto o la voluntad. Bienvenidos al valle del siento-luego-existo, lugar donde al parecer la razón es un virus.

Llegados a este punto el cerebro en medida que va creciendo esta adicción comienza a segregar un par de sustancias conocidas como la, feniletilamina sustancia que pertenece a la familia de las anfetaminas, mismo que responde con una secreción de dopamina (es decir, la capacidad de desear algo y de repetir un comportamiento que proporciona placer), norepinefrina y oxitocina (un mensajero químico del deseo sexual), y comienza el trabajo de los neurotransmisores que dan lugar a los arrebatos sentimentales, en síntesis: se está enamorado. Estos compuestos combinados hacen que las parejas puedan permanecer horas haciendo el amor y noches enteras conversando, sin sensación alguna de cansancio o sueño.*


La actividad de estas sustancias perdura de 2 a 3 años, incluso a veces más, pero al final la atracción bioquímica decae. La fase de atracción no es eterna ya que al paso del tiempo nuestro cuerpo se va haciendo resistente a la locura de la pasión y comienzan a desaparecer las sensaciones. La pareja, entonces, se encuentra ante una ambivalencia: separarse o habituarse a manifestaciones más tibias de amor -compañerismo, afecto y tolerancia, si logramos superar este proceso entonces pasamos a una fase que podríamos llamar “de pertenencia”, una faceta del amor más “pacífica”. En este caso son las endorfinas (sustancia que nos hace sentir eufóricos) las que confieren la sensación común de seguridad comenzando una nueva etapa, la del apego. Por ello se sufre tanto al perder al ser querido, dejamos de recibir la dosis diaria de narcóticos.

Si bien es cierto no se quiere con el corazón, se ha manejado así puesto que uno de los primeros efectos del enamoramiento se ve reflejado en los latidos que llegan a ser hasta 130 pulsaciones por minuto, es nuestro cerebro a través del hipotálamo el que nos “droga” y nos lleva a sentirnos totalmente efusivos, está en nosotros hacer que todos estos impulsos no controlados maduren, y trasciendan en el gusto por “querer estar” con la persona, dando lugar a la grata convivencia, intereses mutuos, solidificando y construyendo una relación fuerte, con convicciones y una prospección a futuro.

Wendy Zavala

*Francisco Muñoz, IES (la quimica de amor)

Acerca de StephyZa

Escribir me obliga a confrontarme, es en donde el campo de batalla es una hoja y por espada llevo una pluma... Leer me trasporta a mundos diversos

2 comentarios el “Te quiero con el hipo qué?

  1. ROSA
    mayo 3, 2010

    ESTA MUY BUENO EL TEMA

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  2. LaNegra
    octubre 15, 2010

    Muy interesante artículo. El enamoramiento visto desde el punto de vista científico puede ser lo que nos ayude a ser un poco más objetivos al momento de tomar decisiones. Nuestra naturaleza, principalmente química, hace de nosotros una simple marioneta al momento de ser parte de este “juego del amor y el sexo”.
    Felicitaciones y gracias.

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Esta entrada fue publicada en noviembre 19, 2009 por en D' Cafe y etiquetada con , , , .

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